El psicólogo es un acompañante, alguien que te observa y sostiene mientras tú andas tu propio camino.
Una metáfora que simboliza muy bien la manera en que el psicoterapeuta acompaña a la persona es La Metáfora de la Montaña. Imagina que te encuentras en el bosque, a punto de comenzar el ascenso de una montaña que te has propuesto coronar. Mientras realizas el ascenso, empiezas a encontrar dificultades en el camino, senderos sin salida y lugares peligrosos. Entonces pides ayuda a alguien que se encuentra ascendiendo una montaña justo al lado de la tuya. Desde su perspectiva, puede ver de manera más amplia por dónde estás caminando.
Hay muchas maneras de ascender tu montaña, y está en tu mano decidir cómo quieres subirla. El psicoterapeuta te observa desde la distancia, pudiendo darte información sobre lo que ve desde ahí, pero no puede tomar decisiones sobre por dónde deberías subir, ya que nunca ha subido tu montaña. Él está subiendo su propia montaña, y seguramente esté siendo ayudado por alguien que asciende otra montaña cercana.
El psicólogo no toma decisiones por ti ni te da soluciones rápidas. Sería privarte de algo muy importante: la libertad de decidir sobre tu propia vida. Su función es darte información de lo que observa en ti y en tu camino, para que a partir de ella puedas tomar tus propias decisiones sobre lo que deseas hacer con lo que te sucede.
Esto lleva un poco más de tiempo que si te diesen unas pautas rápidas y, desde luego, es más incómodo dado que tienes que atravesar las dificultades que se te vayan presentando. A cambio, te aportará más autoconocimiento y la autonomía para decidir. En resumen, en el psicólogo puedes encontrar un lugar donde, desde el más profundo respeto a tu camino y desde la ausencia total de juicio hacia ti, alguien te acompaña para que descubras qué senda quieres escoger y qué camino deseas vivir.